viernes, 18 de noviembre de 2016

Sean eternos los laureles. Sobre La fiesta rota o la patria deshuesada de Marcelo Mangone

"Sean eternos los laureles..."
Sobre "La fiesta rota o la patria deshuesada" de Marcelo Mangone


Por Vivi Montes


            En una sala del barrio de Boedo transcurre La fiesta rota o la patria deshuesada. La obra, que surgió de un proceso de creación, investigación y trabajo de actores, actrices y director, cuenta con dramaturgia y dirección de Marcelo Mangone y pone en escena una fiesta, un encuentro, un banquete que no logra concretarse. Desde la puesta en escena, la construcción del abanico de personajes representativos de diferentes sectores sociales, los colores en escenografía e iluminación y el texto (más los intertextos que lo atraviesan) se interpela directamente a la historia argentina y al espectador como sujeto protagonista de esa historia. Una historia llena de intentos fallidos que repite incesantemente sus fracasos y vuelve a comenzar.

            En el recorrido circular que la obra propone se lee la historia al modo de una serpiente que se muerde la cola. Los personajes no consiguen escucharse y ponerse de acuerdo en pos del objetivo común, la fiesta. Recurriendo a intertextos de la historia política y cultural argentina se construye una pluralidad de voces que no logra aglutinarse en la construcción de la patria festiva porque, en definitiva, cada uno está más preocupado y ocupado por sí mismo que por el bien común. El recurso al humor es utilizado para preparar al espectador y desarmarlo ante la estocada que lo enfrente a la realidad y a la reflexión. Y como dicen sus propios protagonistas: cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia.



FICHA TÉCNICA

Elenco Iris Albornoz, Tamara Arce, Beatriz Bekerman, Leticia García, Miguel Kuok, Agostina Macchi y Adriana Menéndez.
Música Original Luis Sticco
Escenografía y objetos de escena Belén Pedernera
Vestuario Facundo Veiras
Espacio Lumínico Miguel Solowej
Diseño Grafico Facundo Pedernera
Prensa Tehagolaprensa
Producción Ejecutiva Patricio Rodriguez
Operación Técnica Clara Bernardi
Asistente de Dirección Valeria Pomadoro
Dramaturgia y dirección Marcelo Mangone


Funciones: Viernes y Sábados de Noviembre 21 hs / Viernes 9 y Sábado 10 de Diciembre 21 hs
La revuelta: espacio de arte y creación - Av. Boedo 1014, CABA.
Reservas e informes: 2076-2964, Alternativa Teatral, reservas@larevueltateatro.com.ar

Contacto: Facebook /lafiestarota

sábado, 5 de noviembre de 2016

Persistir como el mar.
Sobre Qué azul que es ese mar de Eleonora Comelli.

Por Jazmín Cañete

Vemos filmaciones caseras de Héctor y Ana. Las primeras salidas, las risas, los besos,

las vacaciones. Héctor sigue de cerca los avances de la tecnología audiovisual: a lo

largo del corto lo vemos filmarse junto a Ana con distintas videograbadoras que

evolucionan a medida que pasa el tiempo. En eso pienso a lo largo del video: en el

paso del tiempo. Lo veo en los aparatos, lo veo en los cuerpos de los protagonistas, en

los lugares y las modas. También pienso en la necesidad que tenemos de registrar

nuestras vidas: a las personas que nos acompañan, lo que pensamos, lo que sentimos,

lo que vemos, lo que comemos. Y en qué pasa con ese desmesurado archivo personal

que abastecemos sin parar por esa necesidad de dejar registro. Tal vez no volvemos a

él con mucha frecuencia o, directamente, dejamos que lo cubra el polvo. Que azul que

es ese mar, de Eleonora Comelli, es una respuesta posible a qué hacemos con todo

esto, con el paso del tiempo y lo que (nos) deja.





Son cuatro intérpretes en escena –Matias Etcheverry, Laura Figueiras, Roberto

Dimitrievich y Stella Maris Isoldi–, dos de unos treinta años y dos de unos sesenta. Sus

vestuarios evocan los que se usaban en la época de las grabaciones de Héctor y Ana y

sus tonalidades son las del azul del ambiente, creado por la iluminación y la

escenografía –un panel con una abertura sobre la que está pintado el mar y unas

palmeras–. La danza de los cuatro es un conjunto de pruebas de relaciones posibles

combinando edades y géneros: se manipulan unos a otros, se mueven al unísono, se

rechazan, se aman, desaparecen y reaparecen por el mar del fondo.



Antes que nada, el tiempo se manifiesta hecho carne, en los cuerpos de los

intérpretes, sus diversos tonos y maneras de moverse. Luego, el problema del tiempo

se elabora a partir de un juego de superposición y desdoblamiento presente-pasado/

presente-futuro: entre la escena y las filmaciones caseras, por un lado; y entre la

pareja de treinta y la de sesenta, por el otro. Mientras veo bailar a los intérpretes,

unificados por un mismo vestuario para los hombres y otro para las mujeres, pienso en

el encuentro de los “yo” del pasado con los “yo” del presente, o los del futuro.

Nuestros cuerpos presentes contienen a los que fuimos tanto como contienen el

germen del que seremos.

En la sucesión de imágenes y climas que despliega la obra hay algo nostálgico, o tal vez

sea el tema que me conmueve en la butaca. “Es injusto”, dice en off la voz de Héctor

refiriéndose a la relación de los registros con la experiencia vivida. De sus

declaraciones también me queda dando vueltas la palabra “deterioro”. Efecto

ineludible del tiempo, el deterioro: de los cuerpos y de sus legados. Quizás sea

justamente esa fatal certeza la que desata nuestra necesidad inherente de narrarnos,

de capturar los momentos, de construir memoria, o de hacer algo con todo eso. Como

una obra que, entonces sí, perdure.


Este espectáculo formó parte del evento: Selección Obras de teatro CABA 2015
Este espectáculo formó parte del evento: 10 FIBA - Festival Internacional de Buenos Aires
Duración: 55 minutos

martes, 1 de noviembre de 2016

“Extrañas son las cosas que alguna vez estuvieron cerca”. Sobre “Dos, una desconexión” de Pablo Bellocchio.


“Extrañas son las cosas que alguna vez estuvieron cerca”
Sobre “Dos, una desconexión” de Pablo Bellocchio.

Por Gabriela Pignataro

// Dos aviones se cruzan
en el mismo punto
luego se desplazan
equidistantes
de la misma manera
en que algunos
nos encontramos
en la ordenada al origen
para darnos lo mejor
y después avanzamos
en la misma sintonía
pero
en coordenadas opuestas//


El pasado es un salón dorado que a la luz del presente muestra los huecos donde el sol doblaba sin destellos, los bordes filosos de las cosas.
¿Cuántas vidas caben en un nombre? ¿Qué sucedería si pudiéramos poner a bailar delante de nuestros ojos muchos de los que fuimos hasta romper los reflejos?
Dos-Una desconexión- hace los pases para un artilugio: detiene el tiempo en una zona especular y hace caber en él todas las variables que proyectan el algoritmo de un amor.

Construir múltiples temporalidades en el espacio, es acaso tal vez, uno de los procedimientos escénicos más complejos de llevar a cabo con sutileza y atinados grados de superposición. El amor, ese gran animal multiforme, presta su materia y se presenta en un modelo para desandar. Ese animal incorpóreo contiene toda la esencia y el tiempo de la relación entre Claudia y Miguel; el cuál como un haz de imagen traslúcida pasa a través del cristal de lo escénico y en un living atemporal, se refracta.

Se nos trae el eco de lo que fue. La reverberación que aún rebota enloquecida en las paredes de una casa, donde una mujer detenida en el fango de la espera, aguarda que la voz del otro atraviese la demora de un teléfono que no suena. Ella, la mujer del ahora, muestra los signos del desencuentro: las ojeras, el pelo desgreñado, la misma ropa de días. Y un cierto temblor en la voz que se esconde en el grito, rehúye y queda atrapado en el gesto mudo. Ella será la vigía de su propia memoria, la pitonisa que recuerda a destiempo las advertencias.

Años atrás (y al mismo tiempo) Claudia y Miguel fueron químicos en reacción. Combustión. Embeleso. El paso firme de Claudia, su locuacidad y frescura se enredaron con la quietud de Miguel, su desprolijidad romántica al borde del descuido y su timidez. Los vemos temblar antes del primer beso y también después, la ecuación de sus elementos se convierte en una mezcla ignífuga y combustible al mismo tiempo.

Hacen hogar anclando en los pilares de la ambivalencia: la casa temblará y signados por el sismo que subyace, levantan las paredes de la relación de manera discontinua. Ladrillo sobre ladrillo, zonas sin cimentar, la fragilidad de lo que permanece a ciegas que ante el primer sacudón dejará escombros.

Los vemos levantar los libros, mudar las cosas de lugar, tirar de la cuerda y ceder ante un recuerdo dulce, pequeñas zonas de descanso. Oasis en un desierto que crece progresivamente entre los descuidos de Miguel, la sensación de derrumbe de Claudia.
La gimnasia del recuerdo nunca es ordenada, entonces ahí van ellos, una pareja desdoblada en dos hologramas, una centinela que recuerda: cinco puntas de una figura irregular que cambia su forma en las tensiones de sus enlaces.

El cuerpo amoroso del primer fuego cruza la zona de riesgo como una ráfaga, la pasión queda a marea baja después una oleada violenta. Miguel cruzó ciertos límites, su elemento se rompió en la sombra más frágil de Claudia.

Dos, una desconexión, investiga sobre los ritmos multiformes de una relación, sus conjunciones y disociaciones; tal vez intentando responder ¿Cuando fué que dos extraños tomaron nuestro lugar y hablaron por nosotros? ¿Cuando fuimos nosotros, los otros de pie a aguas desconocidas?. Claudia y Miguel parecen llevar dentro la incógnita y también la respuesta, giran la moneda que a veces responde cruz o cara.

De manera ambiciosa la obra lleva adelante efectivas operaciones de composición y re-situación del tiempo en un único espacio de uso común, ambiente que se altera con el paso de la relación y no por sí mismo. Las marcas son dejadas por quienes lo habitan. En una madeja de puntos desperdigados en la historia nunca estamos del todo en un sólo tiempo: es el presente en el pasado y el pasado en el presente, cruzados pero no enredados nos permite componer la manta corta que cubrió la extensa cama que acabó por dejar a ambos a la deriva de su propio costado.
Los cinco actores se desplazan en una escucha permanente, sus cuerpos y el texto hacen sentido en un mosaico que se compone por montaje para dejarnos de frente al gran mural final:

//Lo mismo que nos une
también
puede separarnos
hay algo
que no depende de mi voluntad
y eso a veces
me asusta un poco//


Ficha técnico artística
Dramaturgia: Pablo Bellocchio
Actúan: Nicolás Dezzotti, Malena López, Catalina Motto, Sheila Saslavsky, Maximiliano Zago
Vestuario: A&m Realizaciones
Escenografía: A&m Realizaciones
Diseño de luces: Lucas García
Diseño gráfico: Rodrigo Bianco
Asistencia de dirección: Rodrigo Bianco
Producción: Lascia Colectivo De Trabajo
Dirección: Nicolás Salischiker

Web: https://www.facebook.com/dosobrateatral/
Duración: 60 minutos
ESPACIO POLONIA

Fitz Roy 1447

domingo, 30 de octubre de 2016

La fiesta trágica. Sobre Antígona de Sófocles



La fiesta trágica

Sobre Antígona de Sófocles. Dirección: Juan Manuel Correa

Por Vivi Montes

            Antígona enfundada en su largo vestido de lurex corroído, de traje de noche a mortaja. Un Creonte amo, anfitrión de una fiesta trágica que condena a todos a un éxtasis que no tiene otro fin sino la muerte. Mujeres sensualmente encadenadas conforman un coro de mortífera atracción. La muerte como vía de escape y la fiesta que continúa a pesar de todo, a pesar de los muertos. Una fiesta que encierra a todos, personajes y espectadores en una suerte de limbo tenebroso y siniestro.

            La estrategia de la ubicación de ciertos espectadores dentro del espacio escénico, sin duda es un acierto. El ambiente que crea la puesta también, los personajes escapan del terreno de lo común y construyen sentido desde un espacio-tiempo absolutamente distanciado, reafirman la vigencia del clásico entre música electrónica, elementos sadomaquistas, elixires y una iluminación filosa, penetrante.

            Todo crece hasta el exceso y se desborda, rebalsando os límites de la razón. La línea entre la vida y muerte es lábil en ese entorno y la gloria un estado indefinido. Perderse es cuestión de un ínfimo instante de ceguera y el saber se postula en disputa ¿Es patrimonio de la juventud o de la vejez? ¿Se tiene o se adquiere? ¿Es alcanzable para los hombres o sólo responde a leyes superiores?

            Una apuesta audaz para reponer una obra tan visitada en la historia del teatro, elecciones intrépidas y un resultado que nos enfrenta trágicamente con el frenesí del poder que todo lo avasalla a pesar de los muertos que se van tendiendo –enterrados o insepultos-
                                                                     a la vera o en el propio camino.




Ficha artístico técnica:

Adaptación y traducción: Elisa Carnelli /Alberto Ure.
Dirección: Juan Manuel Correa
Actúan: Antígona: María Zubiri / Creonte: Martín Scarfi / Hemon: Mariano Páz / Ismene: Florencia Carreras / Corifeo: Luca Firpo / Guardia: Daniel Kargieman / Euridice: Eugenia Borrelli / Tiresias: Rubeno de León / Coro: Agostina Prato, Natalia Pelayo y Sofía Vilaro.
Asistencia de dirección: Laura Bambill / Diseño de iluminación: David Seldes
Vestuario: Agostina Prato / Asesoramiento vocal: Carmen Baliero / Asesoramiento coreográfico: Natalia Pelayo / Realización escenográfica: Fabián Crespi / Diseño espacial: Julio Lavallén / Composición musical y música en vivo: Daniel Quintas / Fotos: Vale Fiorini y Horacio Pablo Annecca/ Producción ejecutiva: Sofía Vilaro /Prensa y Difusión: Simkin & Franco



viernes, 28 de octubre de 2016

Una geografía violenta. Sobre Trópico del Plata

Una geografía violenta

Sobre Trópico del Plata de Rubén Sabadini

Por Gabriela Pignataro


No es preciso dibujar un gran mapa ni arengar hordas de efectos visuales o desperdigar objetos pretenciosos para fundar un mundo. La contundencia está en hacer un pozo en el espacio que lo imante todo, fundando así el cimiento para una geografía magullada detrás del protocolo de la apariencia.

En la tarde de este trópico asistimos a un hueco situado en el despojo escénico, para nada vacío: espiamos por la mirilla, perforación en el tejido de paralelos y meridianos, entramos en la atmósfera densa de aquellos sitios que parecen tragados por una noche turbia y constante. Y son vomitados días después, sobre los restos de una fiesta, cuya serpentina cadavérica es apenas más amable bajo el shock del sol.

Aimé brota en la escena bajo la ley de lo silvestre, con la belleza que confiere lo irrefrenable de una naturaleza desbocada. Ella se nombra a sí, por su condición de origen; se reconoce parte de la clase desplazada que vive en los barrios resecos del conurbano. Reconstruye en su relato el nudo originario de su piel oscura, su antigua defensa ya no propia: es una mujer que ha perdido su propia dermis en las manos de un tal Guzmán, un hombre-bestia que disparó su anzuelo tras el ominoso disfraz de una culta y emulada high-class.

Aimé es quien nos presenta a Guzmán en su propio cuerpo, se nos entrega en un estado de mutación constante. Jekyll y Hyde, hombre-mujer, entraña violenta de una figura que se convulsiona en el sadismo de un vínculo de opresión con brillantina en los pómulos y regalos caros. Esposas relucientes en las muñecas moradas de lo siniestro: el captor que besa a la cautiva con la promesa de los días mientras traza en su espalda el grillete del látigo que aprieta pero no ahorca.

La obra es un cachetazo en cámara lenta: observamos en el texto, la mano, el movimiento, el recorrido y la distancia antes del golpe. Visitamos el horror con la sorpresa de quien no puede mirarlo a los ojos, porque se halla en el él en alguna de sus representaciones.
Es una geografía sin descansos, constantemente visitada por tormentas y huracanes. El ojo de la vorágine pestañea en un cuerpo con espasmos, huellas del tornado de las huestes que encaramaron un festín sexual   infinito. La existencia de Aimé es para los otros sin bordes, el único límite es para ella: la pérdida de la noción del tiempo en un confinamiento que deja estrías en el maquillaje que se deforma.

Aimé habla y el guiño humorístico que pareciera volverla estoica es el químico que revela las marcas ocultas en la radiografía. Las heridas hablan por contraste.

Trópico de Plata, se interna en la lógica de la violencia y la manipulación practicadas en el (mal) nombre del amor. El enmascaramiento, el horizonte ilusorio, la sujeción forzada. Una fábula en torno al salvajismo y la oscuridad de las relaciones de poder y dominación, enunciada desde una poética admirable por fuera de todo cliché en una permanente tensión de las formas: un texto que plagado de humor y zonas de inocencia tira de las costuras de la imagen que se oscurece progresivamente. La fiesta de la conquista romántica pierde las lentejuelas y sólo quedan las incontables aureolas de pasto seco en un territorio que no ve la luz del sol.

El polo magnético de este mapa es la impecable actuación de Laura Nevole, cuya materialidad dramática es de una riqueza tan dinámica como elástica, con la cuál atraviesa una gran diversidad de climas y zonas de riesgo transformándose en movimiento continuo. La sonrisa deviene mueca,  la convulsión, paso de baile. Mutación plagada de una permanente sensación de extrañamiento escénico que lo toma todo y carga de pleno sentido simbólico a los pocos (pero precisos) objetos.

Trópico de Plata nos muestra el reflejo de las apariencias desarmándose en espejos que fallan.


Ficha técnico artística
Dramaturgia: Rubén Sabadini
Actúan: Laura Nevole
Iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño de vestuario: Jam Monti
Diseño sonoro: Nicolás Bari, Matías Niebur
Realización de escenografia: Gustavo Di Sarro
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Entrenamiento corporal: Valeria Tollo
Entrenamiento vocal: Valeria Tollo
Asesoramiento escenográfico: Gabriela A. Fernández, Rodrigo González Garillo
Asistencia de escenario: Fede Fernandez, Juan Lapargo
Asistencia de dirección: Juan Lapargo, Valeria Tollo
Prensa: CorreyDile Prensa
Producción: Vera Vera Teatro, Lorena Astudillo, Malena Schnitzer
Dirección: Rubén Sabadini


miércoles, 5 de octubre de 2016

Se trata de la trata en clave policial.
Por Valeria Arévalos

Un espacio teatral vacío que, poco a poco, se va llenando de relato. Un relato que, de tan duro, necesita puntos de fuga que dejen lugar a la sonrisa, de vez en cuando. Mujer hermosa se ve por allá, de Diego Brienza, nos involucra en la búsqueda de una mujer. El nombre de quien la busca es igual al suyo, marca, identidad, la misma historia, otro final. La obra nos adentra en el circuito de las redes de trata, los traslados, los sucuchos oscuros disfrazados, los despojos, la impunidad. El silencio que cubre lo que muchos saben, pero nadie se atreve a decir. Los lugares en donde están las que no están en ningún lugar.



Diego Brienza despliega un film-noir con todos sus condimentos frente al espectador. No solamente en lo referido a las claves del género, sino también en cuanto a la narración cinematográfica. Telones negros que, cual cortinillas, se corren develando una nueva escena, la luz dibujando siluetas en contrapicados y cenitales, flashforwards, cuadros de diálogo, etc. Los caminos se van ampliando y entramando, nada parece tener solución y la única salida es la explosión o el retiro. Tras el desastre, el final esperanzador detenido en un beso ralentizado. La manera elegida para contar esta historia tiene como mérito el involucrar a quien mira en la búsqueda, sin caer en la desazón. La mirada no abandona la esperanza, como debe ser.



Ficha técnico artística
Duración: 60 minutos


lunes, 3 de octubre de 2016

“Ponerle el cuerpo a los ausentes”. Sobre “Fui” de César Brie



“Ponerle el cuerpo a los ausentes”
Sobre “Fui” de César Brie

Por Vivi Montes


                Fui, uno de los trabajos que César Brie se encuentra compartiendo en Buenos Aires, se nutre de los recuerdos profundos del propio Brie, de sus lazos familiares, de su origen, del niño que fue, de sus miedos, sus sueños, sus placeres. Fui se nutre de su alma. Al mismo tiempo, se trata de una reflexión sobre el devenir de los seres y los tiempos, sobre cómo nos habitan los ausentes y cómo nosotros mismos habitaremos el mundo en nuestra ausencia.

            Hay también espacio-tiempo en Fui para pensar al artista en la soledad del vínculo espinoso con las “instituciones legitimantes”. El actor, el crítico, el empresario y el funcionario recorren la escena, todos emanados del cuerpo de César Brie. Entonces, ante la hostilidad del mundo que nos hace de entorno, la necesidad del volver y reencontrarnos con el que fuimos, de quitarnos peso, culpas, rencores y construir presente y futuro desde otro lugar.         


            Todo se conjuga poéticamente en un espacio dispuesto con belleza y con la sobriedad que provoca que la metáfora surja del gesto que no busca mostrarse, sino que tan solo sucede; que surja la metáfora del objeto simple, pequeño, hermoso embebido del sentir en escena. De este modo, el trabajo late al mismo compás que el espectador que emocionado ríe y brota sus lágrimas ante el buen teatro. Y el teatro se traduce en verdadero encuentro y late también en el rastro que deja en cada uno de los presentes.


            El espectador no está refugiado en la oscuridad de la platea, comparte cercanía y luz con el intérprete. Y es justo que así sea porque todos, el niño, el viejo, el artista y el público, todos nos hallamos de pronto reunidos en el acontecimiento teatral, unidos por el acontecimiento teatral en el centro del Tiempo y comprendemos que fuimos, estuvimos, que somos y seremos siempre, seguiremos siendo en los Otros. 


Dramaturgia, dirección e interpretación: César Brie
Funciones en Santos 4040 - Domingos 20:30 Hs.